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Crear alianzas entre las iglesias y las organizaciones de personas que viven con el VIH y el SIDA


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Directrices

El Señor Dios es el creador del cielo y de la tierra; el creador de todas las formas de vida de nuestra comunidad terrestre. Él creó toda la vida y todo era bueno. En la época actual del VIH/SIDA, ve la miseria de su pueblo infectado y afectado por esta enfermedad; ha escuchado su lamento a causa de esta epidemia. Conoce su sufrimiento y ha venido a liberarlos del VIH/SIDA. De modo que nos llama a acercarnos a los infectados y a los afectados para rescatar a su pueblo, su creación, de la epidemia del VIH/SIDA. Conferencia de Iglesias de Toda el África, Pacto sobre el VIH/SIDA, Octava Asamblea General de la Conferencia de Iglesias de Toda el África, Yaoundé (Camerún), 22-27 noviembre 2003.

 

Índice


Capítulo 1: Introducción


El Consejo Mundial de Iglesias (CMI), conforme a sus compromisos de desempeñar un papel activo en la respuesta al VIH y al SIDA, ha elaborado estas directrices en colaboración con la Red africana de dirigentes religiosos que viven con el VIH y el SIDA o están personalmente afectados (ANERELA+) y la Red mundial de personas que viven con el VIH/SIDA (GNP+). Si bien parte de la información es de carácter general, se hace hincapié en la formación, el desarrollo y el mantenimiento de alianzas con redes, organizaciones y grupos de autoayuda de personas que viven con el VIH y el SIDA (PVVS).

Se considera que el estigma relacionado con el VIH es una de las causas principales del fracaso de muchos de los esfuerzos - tanto eclesiales como seculares – realizados a lo largo del tiempo para hacer frente al VIH, y en particular para romper el silencio y la negación en torno a la existencia del VIH en las comunidades. Muchas intervenciones, sea para la prevención, el cuidado, el apoyo o el tratamiento del VIH, también han sido muy poco efectivas debido al estigma relacionado con el VIH1. El propósito de estas directrices es ayudar a las iglesias a llevar a cabo un proceso de transformación que en algunos casos ya ha empezado y en otros todavía debe iniciarse, y servirles de guía. Estas directrices están dirigidas a todos los niveles de la iglesia, tanto a los dirigentes religiosos, como a los pastores de parroquias, ministros de la iglesia, personas que trabajan en organizaciones religiosas, etc. – toda persona que trabaje en una iglesia en temas relacionados con el SIDA debería poder beneficiarse de colaborar con las PVVS.

Establecer alianzas constituye una parte esencial del proceso de cambio. El objetivo de estas directrices es promover la creación de alianzas de forma que tanto las iglesias como las organizaciones asociadas puedan cultivarlas y mantenerlas. Este documento se centra en los desafíos planteados por la creación de alianzas entre las iglesias y las organizaciones de PVVS y los caminos a seguir, al tiempo que ofrece una perspectiva más amplia sobre las alianzas en general. Estas directrices están destinadas a ayudar a las iglesias a acercarse a los otros de forma competente y planificada. Hacen hincapié en los motivos que inducen a formar alianzas, en algunos de los desafíos que se plantean y sugieren posibles caminos a seguir, aportando ejemplos de alianzas e iniciativas existentes. Estas directrices deben leerse conjuntamente con el documento Trabajar con organizaciones de personas que viven con el VIH/SIDA, Documento de referencia del Consejo Mundial de Iglesias (2005), un documento que ofrece información práctica sobre cómo crear y mantener alianzas con las redes, organizaciones y grupos de autoayuda de PVVS.

Los recuadros ponen de relieve cuestiones específicas o proporcionan ejemplos de proyectos, programas o alianzas que han tenido éxito. Los anexos contienen: una lista de las declaraciones de las iglesias sobre el VIH, un pacto sobre el VIH/SIDA, unas pautas para una mejor utilización del lenguaje relacionado con el VIH y el SIDA, un glosario de términos comunes relacionados con el VIH y el SIDA, e información de contacto de redes y organizaciones de PVVS. Por favor, obsérvese que los textos completos de las declaraciones de las iglesias sobre el VIH que figuran en el Anexo 1 se encuentran a disposición en la página web del CMI consagrada a los temas relacionados con la salud: www.contactforhealth.org. Si no tiene acceso a Internet, puede obtener copias poniéndose en contacto con:

Dr. Manoj Kurian
Encargado de programa, Salud y Curación
Misión y Formación Ecuménica
Consejo Mundial de Iglesias
Apartado Postal 2100
1211 Ginebra 2
Suiza
Tel: +41 22 791 62 23
Fax: +41 22 791 61 22
mku@wcc-coe.org

Una gran parte del material utilizado para la elaboración de este documento procede del Manual de Instrumentos Prácticos para Construir las Relaciones Externas2 de la Alianza Internacional contra el VIH/SIDA (1998) y está concebido para que las iglesias puedan adaptarlo de forma que se adecue a sus necesidades locales.

Las alianzas que tienen éxito se construyen sobre la base de entidades que comprenden por qué quieren establecer una relación, y que tienen un entendimiento claro de los derechos y las responsabilidades de cada socio. Para que las alianzas se sustenten en la inclusión, la honestidad y la transparencia, que son los pilares de una buena relación y, se espera, de un programa que tenga éxito, nunca se debe subestimar el poder de la comunicación. Crear alianzas es trabajar con otros para conseguir lo que no podemos conseguir nosotros solos. Una colaboración es un tipo de relación, en la que personas u organizaciones combinan sus recursos para llevar a cabo una serie de actividades concretas. Los asociados trabajan juntos para conseguir un objetivo común, una coherencia y un beneficio mutuo. La ventaja de establecer alianzas es que las diferentes personas y organizaciones disponen de una amplia gama de recursos que ofrecerse mutuamente.

En los últimos veintitrés años, toda organización que haya trabajado en una cuestión relacionada con el VIH y el SIDA habrá sentido la frustración que ocasiona el estigma relacionado con el VIH al limitar la eficacia de las intervenciones de prevención, atención, asistencia y tratamiento. Por consiguiente, para que una intervención sea eficaz se requiere elaborar estrategias de erradicación del estigma en todas las intervenciones, algo que no se puede conseguir sin establecer alianzas con las organizaciones de PVVS. Como se ha señalado más arriba, “establecer alianzas es trabajar con otros para conseguir lo que no podemos conseguir nosotros solos”, y la omnipresencia del estigma relacionado con el VIH recalca el hecho de que todas las organizaciones que hacen frente a la epidemia necesitan colaborar con las organizaciones de PVVS.

Para las iglesias, establecer una colaboración con las personas que viven con el VIH/SIDA y sus organizaciones es un imperativo del Evangelio, la esencia de su misión y su ministerio. No es una opción, es un deber3. Como indica Mateo 25:31-46, Cristo subraya que se juzgará la medida de la fe cristiana conforme a la capacidad de los creyentes de mostrar compasión por los pobres, los hambrientos, los extranjeros, los enfermos, los prisioneros, y de llevar a cabo esfuerzos destinados a cambiar sus situaciones opresivas y satisfacer así sus necesidades. En este pasaje, Cristo se identifica con los que sufren y están oprimidos – sin tener en cuenta su religión – y de esta manera hace hincapié en que uno no puede ser cristiano, un verdadero seguidor de Cristo, sin cuidar de los que sufren o sin hacer algo por cambiar su situación opresiva. Como Él dice:

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él,
entonces se sentará en su trono de gloria, y dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer;
tuve sed, y me disteis de beber;
fui forastero, y me recogisteis;
estuve desnudo, y me cubristeis;
enfermo, y me visitasteis;
en la cárcel, y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán diciendo:
Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos,
o sediento, y te dimos de beber?
¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos,
o desnudo, y te cubrimos?
¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
Y, respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis
4.

Las iglesias de muchos países con una alta prevalencia del HIV, en particular de África, ya están sufriendo los efectos devastadores de la pandemia del VIH. Los miembros de las iglesias tienen niveles de infección similares a los de la comunidad en la que viven. Las iglesias, como organizaciones vivientes, tienen mucho que aprender de sus miembros que viven con el VIH y el SIDA y mucho que darles. Las iglesias deben emprender un proceso de transformación, ser competentes en cuanto al SIDA se refiere y ser un mejor hogar para aquellos que están directamente afectados por la pandemia. Las iglesias, como organizaciones vivientes, son inseparables de sus miembros. La iglesia mundial es el cuerpo de Cristo. Por consiguiente, para las iglesias, cuya teología sostiene que “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo...De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (1Co. 12: 13 y 26), la iglesia es inseparable de las personas que viven con el VIH/SIDA. Esto es válido tanto para las iglesias que tienen muchos miembros viviendo con el VIH y el SIDA, como para las iglesias hermanas que tienen pocos, pues todas son parte del cuerpo de Cristo.

En la comunidad de adoración no existe una división entre “nosotros” (los no infectados) y “ellos” (los infectados). Como seguidores de Cristo, identificados con el sufrimiento (Mt. 25:31-46), si reconocemos que algunos miembros de la iglesia son VIH-positivos, el cuerpo entero de Cristo, la iglesia, es VIH-positivo.

Por lo tanto, la colaboración con las organizaciones de PVVS es fundamental para la misión, el ministerio y la identidad de la iglesia como cuerpo de Dios. Como expresión de su ministerio y de su compromiso de identificarse con las personas que viven con el VIH/SIDA y de romper el estigma y la discriminación5, cuando los cristianos se reúnen como comunidad, la iglesia necesita incluir en su liturgia confesional el hecho de que “la propia iglesia es VIH-positiva”6.

Como dijo el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar, “como dirigentes de nuestras comunidades cristianas, nos comprometemos a poner a disposición nuestros recursos, sea nuestras instituciones educativas o sanitarias, o nuestros servicios sociales. Trabajaremos estrechamente con los donantes que están dispuestos a apoyar a las organizaciones cristianas y religiosas y a trabajar con ellas. Estamos abiertos a establecer alianzas con ellos y con otros que quieran poner sus recursos al servicio de la lucha [contra el VIH/SIDA], sabiendo que al hacerlo trabajamos conforme a las convicciones bíblicas. Pues “no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4)7.

Capítulo 2 : La respuesta de las iglesias hasta la fecha


Este capítulo resume los esfuerzos realizados por las iglesias y las organizaciones religiosas hasta la fecha para romper el silencio en torno al VIH y al SIDA y hacer frente al estigma relacionado con el VIH tanto en las iglesias y las organizaciones religiosas como en la comunidad en general. Empieza por documentar los primeros días de la epidemia, caracterizados por el silencio, a excepción de los pocos ejemplos que se mencionarán a continuación, hasta llegar a los grandes compromisos y a las iniciativas emprendidas en los últimos años para romper el silencio que rodea al VIH y al SIDA.

La respuesta de las iglesias y de sus miembros al VIH ha sido variable. El siguiente párrafo resume la ignorancia y el miedo de algunos, y la humanidad de otros al responder al VIH en su entorno:

A pesar de que el rechazo de las personas afectadas por el VIH y el SIDA o el hecho de convertirlas en chivo expiatorio no tengan fundamento alguno en la enseñanza teológica, este tipo de incidentes sigue ocurriendo. Durante mis visitas a muchos países diferentes para facilitar seminarios teológicos sobre el VIH y el SIDA, he escuchado muchas historias espeluznantes sobre pastores que se han negado a bendecir a personas infectadas por el VIH o que las han obligado a confesar públicamente los “pecados” que les han causado la infección. Creo que cuando estas prácticas pastorales tan lamentables tienen lugar, los miembros de la jerarquía, tanto del clero como de los laicos, tienen la responsabilidad de ponerles fin inmediatamente. A nivel personal, me inspiró profundamente un arzobispo de un país caribeño que al oír que sus sacerdotes no querían visitar a una mujer de supuesta “mala fama” y que padecía de una enfermedad relacionada con el SIDA, fue a visitarla él personalmente al hospital y siguió haciéndolo a diario hasta que murió. Entonces él mismo celebró su misa de funeral en su catedral8.

El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) ha estado profundamente comprometido e involucrado en dar una respuesta al VIH y al SIDA desde 1986. Ha ayudado a las iglesias miembro a:

  • compartir las lecciones obtenidas;
  • elaborar líneas directrices;
  • iniciar y mantener discusiones teológicas sobre el VIH y el SIDA;
  • desarrollar y aplicar estrategias, metodologías y herramientas para la educación;
  • movilizarse y actuar a nivel internacional y regional;
  • movilizar recursos para trabajos relacionados con el VIH y el SIDA;
  • llevar a cabo acciones de defensa y promoción sobre cuestiones relativas al VIH y al SIDA en el ámbito internacional;
  • planificar su participación en las cuestiones relativas al VIH y al SIDA y a hacer un seguimiento.

En 1986, el CMI prestó mucha atención al agravamiento de la epidemia del SIDA y a sus consecuencias para las iglesias. En junio de 1986 tres secciones del CMI (Iglesia y Sociedad, Educación Familiar y la Comisión Médica Cristiana) convocaron una consulta conjunta durante la cual el Secretario general, el Dr. Emilio Castro, en el discurso de apertura, cuestionó la visión del SIDA como un castigo de Dios:

El SIDA es una enfermedad y debería tratarse como tal... Dios, que ama a todos los seres humanos, se preocupa del bienestar y la salud de cada uno de sus hijos, y no inflige la enfermedad como castigo9.

La declaración final de la consulta de junio hizo un llamamiento a la Iglesia a ser una Comunidad de Curación, que expresa su solidaridad con aquellos afectados por el SIDA a través del cuidado pastoral, la educación para la prevención y el ministerio social:

En los misterios de la vida y la muerte encontramos a Dios; este encuentro nos llama a una mayor confianza, esperanza y reverencia en vez de a la parálisis y al inmovilismo. A aquellos a quienes no podemos curar, podemos apoyar y sostener en solidaridad: ‘Tuve hambre... tuve sed... fui forastero... estuve desnudo... enfermo... en la cárcel, y me disteis de comer... me cubristeis... me recogisteis... me visitasteis’ (Mt. 25).

La crisis del SIDA nos reta en lo más profundo de nosotros mismos a ser real y verdaderamente la Iglesia: a ser la Iglesia como comunidad de curación. El SIDA es desgarrador y desafía a las iglesias a desgarrar sus propios corazones, y a arrepentirse de la inactividad y de los moralismos rígidos. Puesto que el SIDA no hace distinciones de raza, clase, género, edad, u orientación y expresión sexual desafía nuestros miedos y nuestras exclusiones. La propia comunidad de curación necesita  ser curada por el perdón de Cristo”10.

En enero de 1987 la sección de Iglesia y Sociedad organizó una reunión de debate e información sobre este tema para el Comité Central del CMI que recomendaba:

El Comité Central del CMI exhortó a todas las iglesias a informar sobre la gravedad del problema del SIDA y a aprovechar todas las oportunidades de cooperar unas con otras y con las agencias educativas, sociales y médicas, así como con los medios de comunicación en los programas educativos apropiados11.

Las iglesias permanecieron, en gran medida, en silencio durante los primeros años de la epidemia del SIDA, salvo algunas excepciones notables. El Consejo Mundial de la Asociación Cristiana Femenina Mundial (YWCA, por su sigla en inglés) adoptó varias resoluciones referentes al SIDA en 198712 y sobre las mujeres y el SIDA en 199113. En su Asamblea General de 1987, Caritas Internationalis, la confederación mundial de organizaciones católicas de asistencia, desarrollo y servicio social, que trabaja en más de 200 países, con sede en la Ciudad del Vaticano, designó el VIH y el SIDA como una de sus áreas prioritarias de reflexión y acción14 y ha mantenido este compromiso hasta la fecha. Desde entonces, ante los desafíos que plantea esta pandemia, Caritas Internationalis ha intentado movilizar una respuesta compasiva y que no juzgue, enfocada en la educación y orientada hacia el servicio.

El Papa Juan Pablo II hizo varios llamamientos emotivos contra el trato discriminatorio hacia las personas que viven con el VIH y el SIDA. Durante su visita a personas que viven con el VIH y el SIDA en un hospital californiano, en los Estados Unidos, en septiembre de 1987, ofreció el amor incondicional del propio Dios como pauta a seguir:

Dios os ama a todos, sin distinción alguna, sin límites ... Ama a aquellos que están enfermos, a aquellos que padecen el SIDA. Ama a los amigos y parientes de los enfermos y a aquellos que los cuidan. Los ama a todos con un amor incondicional y eterno15.

Los obispos de Estados Unidos fueron de los primeros en instar a los fieles a tratar a aquellos afectados por la pandemia con compasión y sin miedo o prejuicios16. La Junta Administrativa de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, en su declaración Los múltiples rostros del SIDA: Una respuesta desde el Evangelio, 1987, dijo que las parroquias y las instituciones patrocinadas por la Iglesia Católica deberían considerar la creación de nuevos servicios y ofreció unos parámetros determinantes para responder a la pandemia del VIH:

Nuestros programas y servicios actuales deben ampliarse para prestar asistencia a las personas con SIDA mientras viven y también para ayudarles en su sufrimiento. Además, se necesita desarrollar nuevos programas, servicios y sistemas de apoyo para hacer frente a las necesidades no cubiertas o mal cubiertas.

Nuestra respuesta a las necesidades de las personas con SIDA será juzgada efectiva si descubrimos a Dios en ellas y si ellas, a través de su encuentro con nosotros, pueden decir: “en mi sufrimiento, miedo y alienación, he sentido tu presencia, la presencia de un Dios de fortaleza, esperanza y solidaridad17.

En una carta pastoral posterior emitida por todos los obispos de Estados Unidos, se recordó a los católicos la responsabilidad, que deriva del Evangelio, de afirmar la dignidad de aquellos que viven con el VIH y el SIDA y de cuidar, sin lugar a dudas, de ellos:

Las personas con SIDA no son seres distantes, extraños, por los que sentimos una mezcla de lástima y aversión. Debemos tenerlas presentes en nuestra consciencia, como individuos y como comunidad, y abrazarlas con amor incondicional. El Evangelio exige reverencia ante la vida en todas las circunstancias. La compasión y el amor hacia las personas infectadas por el VIH son la única respuesta verdaderamente bíblica18.

El Papa Juan Pablo II, en la Conferencia Internacional sobre el SIDA que se celebró en el Vaticano en noviembre de 1989, dijo:

El SIDA tiene profundas repercusiones de naturaleza moral, social, económica, jurídica y organizativa, no sólo en las familias y en las agrupaciones locales, sino  también en las naciones y en toda la comunidad de los pueblos.

Los enfermos de SIDA, aun en la singularidad de su situación patológica, tienen derecho, como cualquier otro enfermo, a recibir de la comunidad la asistencia idónea, la comprensión respetuosa y una plena solidaridad.

La Iglesia que, a ejemplo de su divino Fundador y Maestro, ha considerado siempre la asistencia a quien sufre como parte fundamental de su misión, se siente interpelada en primera persona, en este nuevo campo del sufrimiento humano, por la conciencia que tiene de que el hombre que sufre es un "camino especial" de su magisterio y ministerio...

Hermanos en Cristo, conocéis toda la esperanza del camino de la cruz, no os sintáis solos. Con vosotros está la Iglesia, sacramento de salvación, para sosteneros en vuestro difícil camino. Ella recibe mucho de vuestro sufrimiento, afrontado en la fe; está cerca de vosotros con el consuelo de la solidaridad activa de sus miembros, a fin de que no perdáis nunca la esperanza. No olvidéis la invitación de Jesús: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso" (Mt. 11,28)19 .

En África, en junio de 1990, los Obispos del Sur de África propusieron:

Quizás la crisis del SIDA es la forma de Dios de interpelarnos para que cuidemos unos de otros, acompañemos a los moribundos y apreciemos el don de la vida. El SIDA no tiene por qué ser necesariamente solo una crisis: también puede ser una oportunidad que Dios nos ha dado para crecer moral y espiritualmente, un tiempo para reconsiderar nuestras presuposiciones sobre el pecado y la moralidad. La epidemia moderna del SIDA nos insta a dar una respuesta pastoral.

Los Obispos católicos de Ghana también fueron de los primeros en hacer un llamamiento a los cristianos en favor de una respuesta incondicional de aceptación frente a la ruptura de las relaciones humanas que precede y a la vez ocasiona la infección del VIH:

El SIDA a menudo conlleva alienación y separación entre la persona que sufre la enfermedad y su entorno. Se nos insta a ser reconciliadores, a ayudar a restablecer un sentido de integridad a las relaciones rotas entre el paciente y aquellos que le rodean. Debemos crear un sentimiento de confianza y afecto. Esto requiere educación, y un cambio de sentimientos...

Si la norma principal de nuestra fe es el amor incondicional, en particular hacia aquellos que la sociedad margina, entonces nuestra respuesta a las personas que padecen el SIDA nos indicará cómo es nuestra fe21.

La Federación Luterana Mundial, en un informe de 1988 sobre el trabajo pastoral con relación al SIDA, afirmó que:

La Iglesia debería abrir sus puertas a todos, incondicionalmente, del mismo modo que Cristo abrió la puerta a todos, sin tener en cuenta quiénes eran o qué habían hecho. La salvación es dada a todos por gracia, a través de la fe, y no por hechos o comportamientos. Al aceptar a todos, Cristo dio acceso a su perdón y a la nueva vida. Hoy, en su Iglesia, recibimos esta vida nueva por medio de la Palabra y los sacramentos. Al excluir a alguien de esta fuente de vida, la Iglesia se hace culpable de la más grave forma de discriminación que existe.

La difusión del SIDA depende de realidades culturales, sociales y económicas. La Iglesia debería cuestionar seriamente su papel en el desarrollo que facilitó la difusión de la enfermedad, y desafiar a sus propios miembros y a la sociedad para tomar medidas que eliminen las actitudes y acciones discriminatorias que prevalecen en la sociedad22.

Los miembros de la Federación Luterana Mundial de Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, Perú y El Salvador, en la Declaración de Buenos Aires de 1998, afirmaron que:

Somos llamados a comprometernos con esta acción pastoral que nace a partir del reconocimiento de que se ha confundido, muchas veces, un diagnóstico médico con un juicio moral que afecta la dignidad de muchos hermanos y hermanas. Nos mueve el sufrimiento en que viven las personas exiliadas de la red solidaria, tanto familiar como social, y somos llamados a ser facilitadores de la reconstrucción de esas redes.

Tomamos en serio la significación profunda de la palabra “epidemia” (epi=sobre, demos=pueblo) que nos revela que es una crisis instalada en medio de toda la sociedad y de todas las iglesias.

Cristo continua hoy llamando a la conversión a través de los excluidos: el samaritano, nos muestra la solidaridad (Lc.10 :25-37); la viuda, la generosidad (Lc.21:1-4); la mujer cananea, la constancia de la fe frente a los prejuicios de pertenencia (Mt.15:21-28); y las personas en situación de prostitución, y los publicanos nos muestran el camino del reino (Lc.18 :14). 

Esta pastoral desea contribuir en la reintegración al espacio que les es propio a aquellos y aquellas que fueron exiliados a causa de nuestros juicios, y que les pertenece por derecho evangélico: “Vengan a mí” (Mt.11:28).

Sabemos que el precio de esta identificación con los/las estigmatizados de nuestra sociedad y de nuestras iglesias es siempre muy caro, y en fidelidad al evangelio no lo podemos evitar. Este precio debe ser pagado por todos los fieles y no solamente por los involucrados directos; porque deseamos que esta pastoral sea provisoria en la espera de que toda la comunidad cristiana la pueda asumir en un futuro próximo23.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día declaró en 1990 que:

El SIDA cuestiona el ministerio de los pastores y capellanes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En sus congregaciones, comunidades y hospitales, ya hay personas infectadas por el VIH, y habrá más. No deben temer el contacto físico que conlleva dar la mano o el bautismo. Los pastores deben seguir visitando a los enfermos en sus casas o en el hospital. Las infecciones del VIH no deben cambiar los programas de visita o limitar en modo alguno su ministerio.

El miedo al SIDA no debe poner en entredicho nuestra compasión y nuestro testimonio. Los que son VIH-positivos o puedan padecer esta enfermedad deben encontrar aceptación y fraternidad en la congregación local. Deben sentirse cómodos en los servicios de nuestra iglesia y bienvenidos en todas las actividades de la iglesia: sea el bautismo, el lavado de pies o la cena de comunión. La iglesia local puede encontrar muchas formas de llevar a cabo su ministerio pastoral con los que tienen el SIDA. Los miembros de la iglesia pueden formar un grupo de apoyo, o unirse a uno existente, e involucrarse personalmente para ayudar a las personas y familias afectadas por el SIDA a satisfacer sus necesidades24.

En septiembre de 1996, el Comité Central del CMI adoptó, en base al estudio efectuado por Grupo Consultivo del CMI sobre el SIDA, una declaración sobre el VIH y el SIDA que expone en términos generales la epidemia, la base teológica para una respuesta a la epidemia y posibles respuestas por parte de las iglesias, entre las que cabe citar:

A. La vida de las iglesias: respuestas al problema del VIH/SIDA

Pedimos a las iglesias que proporcionen un clima de amor, aceptación y apoyo a las personas vulnerables o afectadas por el SIDA.

 

  • Pedimos a las iglesias que reflexionen juntas sobre la base teológica de su respuesta a los problemas que plantea el SIDA.  
  • Pedimos a las iglesias que reflexionen juntas sobre las cuestiones éticas suscitadas por la pandemia, interpretándolas en el marco del contexto local, y ofrezcan orientación a quienes se ven enfrentados con opciones difíciles.  
  • Pedimos a las iglesias que participen en el debate a nivel de la sociedad en general sobre las cuestiones éticas planteadas por el VIH/SIDA, y que apoyen a aquellos de sus miembros que, como profesionales de la salud, se vean ante opciones éticas difíciles en materia de prevención y atención sanitaria.

B. El testimonio de las iglesias en relación con los efectos inmediatos y las causas del VIH/SIDA

  • Pedimos a las iglesias que se esfuercen por prestar mejor asistencia a las personas afectadas por el VIH/SIDA.
  • Pedimos a las iglesias que presten particular atención a la situación de los niños afectados por la pandemia del VIH/SIDA y que traten de crear un entorno de apoyo.
  • Pedimos a las iglesias que ayuden a salvaguardar los derechos de las personas afectadas por el VIH/SIDA y a estudiar y promover los derechos humanos de esas personas mediante dispositivos a nivel nacional e internacional.
  • Pedimos a las iglesias que favorezcan la difusión de información correcta sobre el VIH/SIDA, que promuevan un clima de debate franco y que se opongan a la difusión de informaciones erróneas y basadas en el miedo.
  • Pedimos a las iglesias que aboguen por un aumento de los gastos públicos y de los servicios médicos para encontrar soluciones a los problemas médicos y sociales planteados por la pandemia.

C. El testimonio de las iglesias en relación con las causas profundas y los factores a largo plazo que facilitan la propagación del VIH/SIDA

  • Pedimos a las iglesias que reconozcan los vínculos que existen entre el SIDA y la pobreza, y que promuevan medidas en favor de un desarrollo justo y sostenible.
  • Les pedimos encarecidamente que presten especial atención a las situaciones que aumentan la vulnerabilidad al SIDA, como la situación de los trabajadores migrantes, los movimientos masivos de refugiados, y el comercio del sexo.
  • En particular, pedimos a las iglesias que apoyen a las mujeres que luchan por obtener el respeto de su dignidad y por hacer valer sus capacidades en todas sus dimensiones.
  • Pedimos a las iglesias que lleven a cabo un trabajo de concientización entre los jóvenes y los hombres para que asuman su responsabilidad en la prevención de la propagación del VIH/SIDA.
  • Pedimos a las iglesias que se esfuercen por comprender mejor el don de la sexualidad humana en el contexto de la responsabilidad personal, de las relaciones, de la familia y de la fe cristiana.
  • Pedimos a las iglesias que hagan frente a la pandemia del consumo de drogas, al papel que desempeña en la difusión del VIH/SIDA y que tomen medidas a nivel local por lo que respecta a la asistencia, la desintoxicación, la rehabilitación y la prevención25.

Durante este período, la actitud de la mayoría de iglesias (sobre todo en África) fue o el silencio, o el rechazo, o la condena, salvo unas pocas excepciones que respondieron de forma positiva al VIH y al SIDA. Desde entonces se ha producido un enorme cambio tanto a nivel individual y denominacional como a nivel ecuménico. Desde el 2000 hasta la actualidad, la Comunión Anglicana, la Comunión Luterana, la Iglesia Romana Católica, por sólo citar algunos ejemplos; la Misión Evangélica Unida, la Iglesia Unida de Cristo, la Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África (EHAIA), la Conferencia de Iglesias de Toda el África, la Asociación Cristiana Femenina Mundial (YWCA), la Alianza Reformada Mundial (ARM) y varios Consejos Nacionales de Iglesias (CNIs) han emprendido el gran éxodo desde Egipto y, tras cruzar el Mar Rojo, ahora están en la travesía del desierto, donde muchos han hecho un pacto con Dios para responder a la crisis del SIDA. Por supuesto, algunos miembros de las iglesias claman que “estábamos mejor en Egipto”, y algunos todavía adoran a becerros de oro. También, lamentablemente, algunas iglesias todavía siguen en Egipto y niegan la realidad del VIH y la necesidad de que su iglesia cambie y responda a la epidemia.

Si bien algunas iglesias todavía no han entrado en la Tierra Prometida en cuanto se refiere a la respuesta al VIH y el SIDA, “la Iglesia ha cruzado el Mar Rojo” y está en el desierto, luchando y redefiniendo su relación con Dios. Esta analogía depende mucho de la iglesia y del continente de los que se hable. Aunque todavía existen muchas deficiencias, y no se ha explotado plenamente el potencial y el compromiso de las iglesias, se ha dado un gran paso adelante. Gran parte de la iglesia, sobre todo en el mundo en desarrollo, ha escuchado la voz de Dios que dice “he visto la aflicción de mi pueblo, he escuchado ... conozco... ven, déjame enviarte, para darles mi salvación”.

En 2001, dirigentes de iglesia de África, organizaciones internacionales y organizaciones ecuménicas africanas elaboraron un Plan de Acción coordinado para hacer frente a la epidemia del SIDA en África en una “Consulta Mundial sobre la Respuesta Ecuménica al Desafío del VIH/SIDA en África”, en Nairobi (Kenya), organizada por el CMI.

En el preámbulo del Plan de Acción se explica que “el Plan es parte de la respuesta de estos grupos de colaboradores al problema urgente que plantea la epidemia del VIH/SIDA: un problema con el que se han enfrentado todas las organizaciones religiosas, que está despoblando África más rápido que cualquier otra calamidad desde el tráfico de esclavos”26. Es significativo que, en este encuentro, tanto la visión del Plan de Acción como el primer compromiso adoptado por las iglesias estén centrados en romper el estigma y la discriminación que rodean al VIH y al SIDA:

 

Visión

En este Plan de Acción, la familia ecuménica imagina una iglesia transformada y portadora de vida, que encarna y proclama la vida en abundancia a la que estamos llamados, y es capaz de hacer frente a los múltiples problemas que plantea la epidemia. Para las iglesias, la contribución más pujante que podemos hacer en la lucha contra la transmisión del VIH, es erradicar todas las formas de estigmatización y discriminación. Estamos convencidos de que es la llave que abrirá la puerta a todos aquellos que sueñan con una forma de vivir tan dignamente como sea posible con el VIH/SIDA e impedir la propagación del virus.

Compromisos

Denunciaremos toda discriminación y estigmatización de las personas que viven con el VIH/SIDA como pecado contrario a la voluntad de Dios27.

 

Desde 2001 varias iglesias y organizaciones religiosas han anunciado su compromiso de romper el silencio en torno al VIH y al SIDA y de hacer frente al estigma y la discriminación contra las personas que viven con el VIH y el SIDA. El recuadro “Romper el Silencio: Declaraciones de las Iglesias sobre el VIH/SIDA” proporciona ejemplos de las iniciativas de diferentes religiones y de diferentes partes del mundo.

 

Recuadro 1: Romper el silencio: Declaraciones de las iglesias sobre el VIH/SIDA

La Conferencia de Obispos de la Iglesia de Noruega, que tuvo lugar en abril de 2001, declaró que “en nuestro país existe, también, una falta de sinceridad respecto a la enfermedad y las víctimas del VIH también sufren desaprobación y exclusión. Como seres humanos, cada uno de nosotros, en la iglesia y en la comunidad, está llamado a examinar sus propias actitudes. Para la iglesia, es importante cumplir con el principio de caridad cristiana que nos insta a apoyar, y no a condenar, a aquellos que sufren. Debemos ayudar a las personas infectadas por el VIH a vivir su condición abiertamente en la comunidad”28.

Los obispos de la Conferencia de Obispos Católicos del Sur de África celebrada en julio de 2001 desecharon toda posibilidad de estigmatización o marginación basada en la falsa premisa de que Dios ha querido el SIDA para los pecadores. “El SIDA no debe considerarse nunca un castigo de Dios. Dios quiere que tengamos una buena salud y no que muramos de SIDA. Para nosotros es un indicio que insta a todas las personas a una transformación interior y al seguimiento de Cristo en su ministerio de curación, misericordia y amor”29.

La Conferencia Cristiana de Asia (CCA), en noviembre de 2001, declaró que “la iglesia tiene un papel importante que desempeñar a todos los niveles, internacional, regional, nacional y local, en los siguientes ámbitos:

  • combatir las actitudes negativas de reproche que todavía existen hacia las personas con VIH/SIDA

  • disminuir el miedo y los malentendidos en torno al VIH/SIDA
  • proporcionar una información precisa sobre el VIH/SIDA, que incluya información de prevención e información sobre los servicios que puedan ser de ayuda a las PVVS”30.

En abril de 2002, los Primados de la Comunión Anglicana dijeron: “Levantamos nuestras voces para llamar a poner fin al silencio respecto de esta enfermedad - el silencio del estigma, el silencio del rechazo, el silencio del temor. Confesamos que la Iglesia misma ha sido cómplice en este silencio. Cuando hemos alzado nuestra voz en el pasado, ha sido muchas veces una voz de condenación. Queremos ahora dejar muy claro que el VIH/SIDA no es un castigo de Dios. Nuestra fe cristiana nos impulsa a aceptar que todas las personas, incluyendo aquellos que están viviendo con el VIH/SIDA, están hechas a la imagen de Dios y son hijos de Dios”31.

La Consulta Panafricana de dirigentes de la Iglesia Luterana, celebrada en mayo de 2002, declaró:

Nos comprometemos a romper el silencio

Reconocemos que mucha gente de buena voluntad, dentro y fuera de nuestras iglesias, ya presta asistencia y apoyo. No obstante, queremos confesar y reconocer públicamente que nosotros, más de una vez, hemos contribuido al estigma y la discriminación, y que nuestras iglesias no siempre han sido lugares seguros ni de acogida para quienes viven con el VIH/SIDA, ni para las personas afectadas por esta pandemia. En algunos casos, se ha negado la santa comunión a quienes viven con el VIH/SIDA, se ha negado el funeral a quienes habían muerto de SIDA y no se ha consolado a sus deudos. Nos arrepentimos de estos pecados.

Por lo tanto, nos comprometemos a responder fiel y valerosamente rompiendo el silencio, para hablar abierta y sinceramente de la sexualidad humana y el VIH/SIDA.

Reconocemos que es de capital importancia que obispos, presidentes y demás líderes de la iglesia hablen en público y estén a la vanguardia de quienes rompen el silencio32.

En la Consulta de el CMI y la CCA sobre una agenda ecuménica para combatir el VIH/SIDA en el Sur de Asia, en julio de 2002, se dijo que “las iglesias están llamadas a ser más inclusivas, a cambiar la mentalidad que hace una distinción entre “nosotros” y “ellos” y a abrir el camino hacia la mutualidad mediante un viaje espiritual en el que todos viajamos juntos. Las iglesias necesitan superar su actitud de condena, reconocer que nosotros también necesitamos ser perdonados por nuestras actitudes, por nuestra apatía e inacción frente al VIH/SIDA. Con la participación activa de las PVVS en la planificación y la ejecución de nuestro programa, las iglesias están llamadas a confrontar el estigma y la discriminación. Las iglesias también están llamadas a incluir el VIH/SIDA en la formación teológica y a tomar medidas prácticas, como la promoción de la justicia de género en la iglesia y las comunidades, la defensa del acceso al tratamiento y a los medicamentos para las PVVS, y la elaboración de estrategias destinadas a disminuir la vulnerabilidad de las personas al VIH/SIDA”33.

El Consejo de las Provincias Anglicanas de África (CAPA), en agosto de 2002, declaró que:

¡El estigma es un pecado! El estigma es el asesino silencioso que masacra nuestro continente y propaga la enfermedad. Instamos a poner fin al estigma y la discriminación contra las personas que son VIH-positivas y sus familias. Nuestras hermanas y nuestros hermanos que viven con el SIDA sufren silencio y rechazo. El silencio alimenta el rechazo y la vergüenza. Esto, también, es estigma. Sabemos que la iglesia ha sido cómplice de este silencio.

¡Este silencio se ha acabado! Nuestra Iglesia ha declarado, ante Dios y los seres humanos, que el estigma es un pecado. Defenderemos la dignidad y el valor de todas las personas en cuanto hijos de Dios, especialmente la de aquellos que viven con el SIDA. Por consiguiente, se pide a cada Provincia que lleve a cabo el Plan Pastoral destinado a erradicar el estigma tan pronto como sea posible34.

En junio de 2003, el Consejo de Misión Mundial (CWC, por su sigla en inglés), declaró: “Reconocemos la necesidad de convertirnos en comunidades de curación más acogedoras y atentas que no estigmaticen, excluyan o discriminen a nuestros hermanos y nuestras hermanas que viven con el VIH/SIDA. Reconocemos el valor de los encuentros personales con las personas infectadas por el VIH y que viven con el SIDA para enriquecer nuestra comprensión, y fortalecer nuestra capacidad de ser profesionalmente competentes, espiritualmente fuertes y socialmente relevantes al abordar las dimensiones humanas de la pandemia”35.

El Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar declaró, en octubre de 2003, que “ frente a la grave amenaza del SIDA... nos comprometemos a trabajar con tenacidad para erradicar el estigma y la discriminación y a hacer frente a todas las normas y prácticas políticas, culturales, religiosas y sociales que perpetúan este estigma y esta discriminación ... [y] finalmente, como pastores de la Iglesia de Dios en África, en tiempos de SIDA, queremos acoger a las personas que viven con el VIH y el SIDA de forma calurosa, con compasión y sin reproches, en nuestras iglesias y garantizarles un “sitio en la mesa del Señor”36

En noviembre de 2003, la Iglesia de Nigeria (Comunión Anglicana) declaró que “sería respetuosa con el VIH/SIDA y que garantizaría una mayor participación de las PVVS en todos los aspectos del ministerio de la iglesia”37.

En diciembre de 2003, los Obispos Católicos de Myanmar publicaron una carta pastoral en la que afirmaban que “los sacerdotes y los obispos son figuras públicas en las comunidades a las que sirven, por lo que pueden dar el ejemplo en lo que dicen y en lo que hacen, por ejemplo:

  • Cada domingo, los sacerdotes y los obispos tienen la oportunidad de expresar su opinión. Pueden utilizar sus sermones para condenar cualquier forma de discriminación en contra de personas afectadas por el VIH, para educar a sus comunidades acerca del VIH y el SIDA, y para abordar algunas de las causas fundamentales de la infección en Myanmar.

  • Los obispos y los sacerdotes pueden asegurarse de que tanto ellos como sus feligreses no sean sentenciosos en sus palabras o acciones, y de que las personas que viven con el VIH y sus familias sean siempre bienvenidas en las liturgias y en todas las actividades de sus comunidades religiosas.

  • Los obispos y los sacerdotes pueden facilitar y motivar el trabajo de hermanas y catequistas laicos en relación con el VIH. Existen muchos ejemplos en los que el clero dice, “nuestra gente no necesita saber acerca del VIH/SIDA”, o “nuestra gente se puede escandalizar si hablamos acerca del sexo”. En otros casos, los sacerdotes y los obispos han evitado que los laicos realicen una labor de concienciación acerca del VIH, diciéndoles que no están calificados para discutir estas cuestiones morales e incluso les impiden dar información científicamente comprobada sobre salud sexual y prevención del VIH. Estas actitudes negativas deben cambiar si es que la Iglesia va a ofrecer una respuesta significativa al VIH/SIDA”38.

Los Obispos Católicos de la India publicaron una carta pastoral el 1 de diciembre de 2003, Día Mundial del SIDA, en la que declaraban:

  • Una comprensión adecuada del VIH/SIDA nos ayudaría a superar los prejuicios y los miedos. Aquellos que contraen el VIH/SIDA, sea accidentalmente o a consecuencia de sus propios actos, arrastran una pesada carga de estigma, ostracismo y condena social. Las personas infectadas y afectadas necesitan todas ellas la compasión y el cuidado que Jesús ofreció. Aquellos que se sienten moralmente superiores a las personas que viven con el VIH/SIDA deberían recordar que, en las páginas del Evangelio, Jesús condena más el fariseísmo que cualquier otro pecado...
  • Ayudemos a aquellas personas que viven con el VIH a salir de la sombra de la desesperanza, la tristeza y la culpa y a entrar en una esperanza y una aceptación alegres. Aquellos entre nosotros que viven con el VIH/SIDA no deben sentirse solos y abandonados. Nosotros, que somos sus hermanas y hermanos, debemos andar en solidaridad con ellos a lo largo de su viaje. Según las palabras del Papa Juan Pablo II, “la solidaridad no es un sentimiento de vaga compasión o de superficial enternecimiento por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos.” Como cuerpo de Cristo, la Iglesia necesita cuidar de aquellos que están infectados y ayudarlos a “vivir positivamente” con el VIH/SIDA39.

La Federación Luterana Mundial y la Misión Evangélica Unida, en diciembre de 2003, afirmaron en el “Pacto de Vida” (Covenant of Life): “Nos comprometemos, como parte del cuerpo de Dios, a hacer del VIH/SIDA una prioridad en nuestro trabajo y diakonia mediante la elaboración y la aplicación de una política que fortalezca las congregaciones y las comunidades locales a fin de:

  • Combatir y erradicar el estigma y la discriminación contra las personas que viven con el VIH/SIDA rompiendo, en primer lugar, la barrera sociocultural que hace sentir vergüenza o “perder la cara” mediante conversaciones abiertas sobre el VIH/SIDA, la sexualidad humana y la adicción a la droga”40.

La consulta para la elaboración de una estrategia de las iglesias frente al VIH/SIDA en Europa Central y Oriental, organizada conjuntamente por Christian Aid, el Consejo Diaconal Intereclesiástico Cristiano de San Petersburgo, la Iglesia de Noruega y el CMI, en San Petersburgo en diciembre de 2003, afirmó que: “las personas que viven con el VIH/SIDA son a menudo objeto de una gran estigmatización y de diversas formas de discriminación. Como cristianos, creemos que todos los seres humanos han sido creados a imagen de Dios y por consiguiente tiene un valor y una dignidad intrínsecas. Cualquier forma de estigmatización o discriminación perpetrada contra los seres humanos viola esta imagen divina y es, por lo tanto, un pecado. Como cristianos, creemos que todas las personas estamos llamadas a combatir, dondequiera que ocurra, esta ofensa contra la dignidad humana otorgada por Dios41”.

La Iglesia Ortodoxa Rumana se unió a la campaña nacional para combatir la intolerancia relacionada con el VIH, organizada por USAID en cooperación con el gobierno rumano y algunas ONGs rumanas e internacionales activas en Rumania. El 27 de enero de 2004, Su Beatitud Teoctist, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rumana, pronunció un mensaje dirigido a todos los rumanos, exhortándoles al amor y la tolerancia para con quienes sufren el VIH/SIDA:

Es un deber de todo cristiano buscar el bien para el prójimo, y por consiguiente seguir la gran regla sagrada que nos dio Jesús: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lc. 10:27)…

Tenemos, por lo tanto, el deber de aceptar y ayudar a todos aquellos que sufren. En este sentido, nuestra Iglesia, mediante el trabajo pastoral y espiritual de devotos sacerdotes en establecimientos sociales y hospitales, y en particular en las unidades de tratamiento del SIDA, nos da a todos un ejemplo de servicio altruista para con nuestro prójimo. Según el ejemplo de Jesucristo, nuestro Salvador, día tras día, cuidan a los enfermos, reconfortándoles y alentándoles a hacer frente a la enfermedad. Esta es, muchas veces, la única ayuda, pero también la más alta prueba de amor, que podemos ofrecerles. Aún así, por diferentes motivos inadmisibles, algunos de nosotros los evitamos. Esta es la razón por la que creemos que el ejemplo de estos servidores de los altares sagrados constituye un modelo que debemos seguir todos los que vivimos con personas que sufren del SIDA.

Cristo se identifica con estas hermanas y hermanos nuestros, cuando dice: “Estuve enfermo, y me visitasteis” (Mt. 25:36) o “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis “(Mt. 25:40). Todos somos los amigos de Cristo. Él nos ama a todos, de la misma forma. Si excluimos a los que tienen el SIDA, ¡excluimos a Cristo! Si no nos importan, ¡Cristo no nos importa! Si no los amamos, ¡no amamos a Cristo! No debemos olvidar nunca que son nuestro prójimo y que necesitan amor y comprensión42.

La Reunión Regional de enero-febrero de 2004, facilitada por el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) y auspiciada por el CMI, declaró:

8. Con profunda preocupación reconocemos, que la realidad del VIH-SIDA pone en evidencia los distintos rostros de la iglesia. Por un lado, se manifiesta la cara de la indiferencia, por cuanto ha oído y se ha encontrado en el camino, el clamor de quienes viven y son afectados por el VIH-SIDA, más sin embargo, pasan de largo, como el religioso de la parábola del Buen Samaritano (Mateo 10:27-35) . Además, nos preocupa con el rostro farisaico que condena con ligereza, desde sus posiciones absolutas, con dedo acusador como pecadores impuros y condenables a quienes viven esta circunstancia. Pero con alegría celebramos el encuentro con el rostro de la iglesia del amor, solidaridad y compromiso; el cual ha tenido que enfrentar múltiples limitaciones para dar los primeros pasos en este ministerio para sensibilizar, conocer, prevenir, atender, acompañar y reinsertarse en esta realidad; o en muchos casos morir para vivir la pascua de la resurrección43.

En marzo de 2004, la Alianza Mundial de ACJ (Asociación Cristiana de Jóvenes) dijo: “Por consiguiente, las ACJ de todo el mundo se comprometen a trabajar para eliminar el estigma y la discriminación en sus comunidades, mediante la promoción de un lenguaje adecuado y agradable en la comunicación y la interacción diarias”44.

Las iglesias miembro del Consejo Mundial de Iglesias de la región del Pacífico afirmaron, en una reunión sobre el VIH/SIDA en marzo-abril de 2004, que “nosotras, las iglesias debemos pedir perdón a Dios y a las personas seropositivas por no haber hecho lo que debíamos haber hecho, y por contribuir a su dolor y a su sufrimiento. Esto nos proporcionará oportunidades para curar a nuestras comunidades y para liberarnos de forma que podamos ser una comunidad de curación y reconciliación. También reafirmará nuestro papel como canales de la fuerza otorgada por Dios para traer esperanza, socorro y paz a la sociedad”45.

El Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, con ocasión de la Jornada Mundial del SIDA de 2004, dijo: “Es necesario alejar el estigma que a menudo la sociedad hace pesar sobre el enfermo de SIDA. Para disipar los prejuicios de los que temen acercarse a los enfermos de SIDA para evitar el contagio, deseamos recordar que el SIDA se transmite sólo a través de la triple vía de la sangre, de la transmisión materno-infantil y por contacto sexual. Para eliminarlas, debemos combatirlas eficazmente”46.

Dirigentes religiosos de los Estados Árabes prometieron, en diciembre de 2004, “romper el silencio en torno al VIH/SIDA: hacemos hincapié en la necesidad de romper el silencio, desde los púlpitos de las mezquitas, las iglesias, las instituciones educativas, y desde todos los lugares desde los que estemos invitados a hablar. Necesitamos abordar de qué maneras podemos hacer frente a la epidemia del VIH/SIDA, en base a nuestros principios espirituales auténticos y a nuestra creatividad, y provistos de conocimientos científicos, a fin de encontrar nuevos enfoques innovadores para afrontar este peligroso desafío. Rechazamos (y subrayamos la necesidad de eliminar) toda forma de discriminación, aislamiento, marginación y estigmatización de las personas que viven con el VIH/SIDA, e insistimos en defender sus libertades y derechos humanos fundamentales”47.

 

Romper el silencio en torno al VIH y al SIDA también implica respetar los derechos de los grupos marginados. Los miembros de la Alianza Mundial Reformada (ARM), por ejemplo, tienen puntos de vista diferentes en cuanto se refiere a la homosexualidad, pero como cristianos pueden, por lo menos, estar de acuerdo en que violar los derechos humanos por motivos de orientación sexual está mal, según dijo el Secretario General de la ARM, Setri Nyomi, a los delegados de la Asamblea General celebrada en Accra (Ghana).Estas conclusiones se desprendían de un estudio sobre la postura de las iglesias con respecto a este tema que el Comité Ejecutivo de la ARM había decidido emprender tras la Asamblea General de 199748.

Además de estas declaraciones, las iglesias han llevado a cabo iniciativas destinadas a romper el silencio que rodea al VIH y al SIDA en la iglesia y a eliminar el estigma relacionado con el VIH. Entre los ejemplos de las respuestas de las iglesias cabe mencionar los siguientes:

En la Octava Asamblea de la Conferencia de Iglesias de Toda el África (CITA), en Yaoundé (Camerún), 22-27 de noviembre de 2003, se realizaron pruebas del VIH gratuitas y voluntarias in situ. Más personas de las que se esperaba se hicieron la prueba: de los 800 participantes en la Asamblea, 105 se sometieron a la prueba, sobrepasando el número de kits de análisis inicialmente previstos. “Para nosotros, el SIDA es una guerra”, dijo Mvume Dandala, Secretario General de la CITA. “Declaramos que el VIH/SIDA no es, de ningún modo, la voluntad de Dios para con África; intentaremos, mediante todos los medios a nuestro alcance, combatirlo”49.

En noviembre de 2004, la Diócesis de Dodoma de la Iglesia Anglicana de Tanzania, anunció que 12 de sus sacerdotes eran VIH-positivos. Tres de estos sacerdotes han hecho pública su condición, mientras que los otros nueve lo harán cuando sea “oportuno”50.

Hace doce años, el canónigo Gideon Byamugisha, un sacerdote anglicano de Uganda, conmocionó a sus hermanos sacerdotes y a sus feligreses al revelar su estado VIH-positivo. Recibió el apoyo de su obispo local y fue nombrado canónigo en 2001. Ahora viaja por todo el mundo, sirviendo de ejemplo, y exhorta a las iglesia en África a desarrollar actitudes, competencias, servicios adecuados y un entorno de apoyo para remontar la epidemia. Se cree que el canónigo Gideon ha sido el primer dirigente religioso en África en hacer público su estado serológico positivo. Cuando anunció que tenía el virus, en 1992, las iglesias estaban empeñadas en negar el fenómeno del VIH/SIDA51.

Veintisiete pastores de Zimbabwe de varias denominaciones cristianas se sometieron a una prueba voluntaria de VIH, un gesto cuyo propósito era combatir el estigma en la iglesia contra las personas que viven con el VIH/SIDA. Los pastores de las iglesias de los municipios de Tafara y Mabvuku de Harare se convirtieron en el mayor grupo de dirigentes de iglesia en hacerse la prueba del VIH en Zimbabwe52.

En 2001, durante el Período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, el CMI presentó una declaración en nombre de las organizaciones religiosas, que exponía en términos generales los éxitos y los desafíos de las respuestas religiosas:

Las organizaciones religiosas nos unimos a muchos otros actores en la lucha mundial contra esta pandemia devastadora. Podemos aportar nuestros recursos específicos y nuestras fuerzas. Al mismo tiempo, reconocemos que no hemos respondido siempre de forma adecuada a los desafíos planteados por el VIH/SIDA. Lamentamos profundamente los casos en que las organizaciones religiosas han contribuido al estigma, el miedo y la desinformación.

No obstante, también es justo decir que las organizaciones religiosas a menudo han desempeñado un papel positivo en la lucha mundial contra el VIH/SIDA. Países como Senegal, Uganda y Tailandia, que involucraron tempranamente a dirigentes religiosos en la planificación y la aplicación de estrategias nacionales contra el SIDA, han podido constatar grandes cambios en el curso de la epidemia. Las comunidades religiosas en Uganda, por ejemplo, que trabajan mano a mano con organizaciones que prestan servicios en relación con el SIDA y con el gobierno, han promovido programas de educación paritaria, asesoramiento y atención a domicilio. Un dirigente religioso dirige la Comisión Nacional del SIDA de Uganda desde 1995. En Uganda, Zambia y Tanzania los esfuerzos de prevención han provocado un cambio en el comportamiento sexual, que conlleva una actividad sexual más tardía entre los adolescentes y una reducción del número de parejas sexuales. Estos cambios de comportamiento han formado parte del mensaje de muchas organizaciones religiosas. En Tailandia, grupos budistas y cristianos han introducido servicios de atención a domicilio y han contribuido en gran medida a la “desestigmatización” de la enfermedad53.

El informe de seguimiento de la declaración del Período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA evaluó las respuestas de las organizaciones religiosas durante el período transcurrido de la siguiente manera:

18. La importancia de las organizaciones religiosas en la respuesta al VIH/SIDA fue considerablemente admitida, dada su larga historia de servicio en las comunidades, su autoridad moral y los recursos financieros y organizativos de que disponen. Además, estas organizaciones gozan de un alcance que no se puede igualar y a menudo están presentes en las áreas más remotas. Los representantes de las organizaciones religiosas fueron sinceros al admitir que, en general, han sido lentos en reaccionar a la epidemia, a menudo a causa del estigma y de las connotaciones morales asociadas con ser VIH-positivo. Sin embargo, a medida que ha ido creciendo el número de creyentes víctimas de la enfermedad, la postura de muchos dirigentes religiosos ha ido evolucionando.

19. En la actualidad, la mayoría de religiones ha asumido el desafío planteado por el VIH/SIDA, proporcionando consuelo espiritual y apoyo a las personas que viven con el VIH/SIDA y a sus familias, haciendo frente al estigma y la discriminación, e incorporando mensajes educativos de prevención en sus servicios de culto. Se reconoció que el diálogo con asociados religiosos internacionales y con agencias ecuménicas, como el Consejo Mundial de Iglesias, había desempeñado un papel importante en impulsar un cambio.

20. No obstante, se indicó que los programas religiosos operan en el marco de valores religiosos que hacen hincapié en la abstinencia, la fidelidad y la compasión hacia el enfermo. Para los dirigentes religiosos presentes en estas reuniones, esto significaba que no podían apoyar ciertos métodos de prevención, como el uso del preservativo fuera del matrimonio o programas de intercambio de agujas/jeringas. En algunas regiones, las organizaciones religiosas son importantes proveedores de servicios de salud y ello implica el tratamiento de individuos con SIDA. Son pocos los que actualmente pueden ofrecer un tratamiento con medicamentos antirretrovíricos, una situación que probablemente solo puede remediarse mediante el suministro continuo de una considerable ayuda externa. En otras regiones, las organizaciones religiosas consideran que la provisión de un servicio de salud está fuera del alcance de sus recursos limitados y, por lo tanto, piensan que es mejor dejarla en manos de otros54.

La Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África (EHAIA) se emprendió en 2002 como una empresa conjunta de iglesias africanas, iglesias y agencias del Norte y el CMI55. Esta iniciativa se ha visto fortalecida por la participación de organizaciones y redes de PVVS en la planificación y la gestión. El canónigo Gideon Byamugisha, una persona que vive con el VIH/SIDA, forma parte del Grupo Internacional de Referencia (el grupo directivo de la EHAIA) que guía el trabajo de la iniciativa a nivel internacional y subregional en África. ONUSIDA, organización con la que el CMI trabaja estrechamente, también contribuye a dirigir la iniciativa, proporcionando una información y un asesoramiento que son fundamentales. Los cuatro Grupos Regionales de Referencia de la EHAIA también incluyen a representantes de PVVS: el grupo de África Central cuenta con Marianne Djamba de Kinshasa (República Democrática del Congo); el de África Oriental con Rose Njeri de Nairobi (Kenya); el del Sur de África con Lynde Francis de Harare (Zimbabwe); y el de África Occidental con Samuel Williams de Freetown (Sierra Leone). Todos son miembros o dirigentes de redes de PVVS.

La experiencia del CMI como socio de la Iniciativa de Respuesta Comunitaria a la Epidemia del VIH/SIDA (CORE, por su sigla en inglés)56 también ha ampliado el alcance de la participación de las organizaciones religiosas en cuanto se refiere al trabajo en colaboración con organizaciones de PVVS.

Más recientemente, el CMI ha formado parte de una amplia coalición para la redacción y promoción de un Código de prácticas recomendadas para las intervenciones de las ONG contra el VIH/SIDA 57. El proceso de redacción mostró de nuevo la necesidad de introducir ciertos cambios en la vida de las iglesias y de las organizaciones religiosas a fin de promover y apoyar el principio de una mayor participación de las personas que viven con el VIH/SIDA (MPPS) (véase 3.4 El imperativo de trabajar con organizaciones de personas que viven con el VIH/SIDA).

El CMI y otras 30 redes relacionadas con el Consejo y organizaciones miembro firmaron el Código a finales de octubre de 2004. Su firma hace que estas organizaciones religiosas tengan que cumplir con las normas establecidas en el Código. Asistir a las iglesias miembro para que trabajen más estrechamente con las PVVS de forma tangible es esencial en el proceso de seguimiento tras la ratificación. Esto garantizará que las contribuciones realizadas por las iglesias en el ámbito de la prevención del VIH y la atención a las PVVS, y de las acciones de defensa y promoción en la respuesta al VIH/SIDA sean reconocidas por toda la comunidad y se arraiguen en la vida de las iglesias.

Las lecciones aprendidas de las iniciativas mencionadas arriba que deben tenerse en cuenta para establecer alianzas son:

  • Las PVVS deben participar en la planificación y la gestión de las iniciativas sobre el VIH/SIDA.
  • Las organizaciones religiosas deben rendir cuentas no solo a sus miembros sino también a los gobiernos, a las ONGs y a los organismos internacionales. Esto significa que las organizaciones religiosas deben ser transparentes en su trabajo y estar abiertas a las recomendaciones de los otros grupos involucrados en la cuestión.

Se tienen que establecer mecanismos concretos de medición, entre otros, para el seguimiento y la evaluación que garanticen que las organizaciones rindan cuentas sobre el cumplimiento de los principios establecidos.

Capítulo 3 : Crear alianzas


Este capítulo examina las alianzas en general, y las alianzas entre iglesias, que existen desde hace muchos años, en particular. Por lo que respecta a la creación de alianzas entre las iglesias y las organizaciones de PVVS, se analizan cuestiones como el porqué de estas alianzas, una cuestión que cubre aspectos como los imperativos del Evangelio y los beneficios para ambas partes; las fuentes de financiación; y algunas de las dificultades con que se encuentran tanto las iglesias como las personas que viven con el VIH/SIDA y sus organizaciones al establecer alianzas. También se tratan otros temas, como la incidencia del trabajo programático o de las cuestiones relacionadas con el VIH y la iglesia en las alianzas entre iglesias y organizaciones de PVVS. El capítulo termina con una sección que expone cómo se materializan, en la práctica, las alianzas entre las iglesias y las organizaciones de PVVS a distintos niveles, como por ejemplo, a nivel de los dirigentes de iglesia, los sacerdotes o ministros de una parroquia, los grupos de mujeres, o la formación teológica.

3.1 ¿Qué es crear alianzas?

Al hablar de crear alianzas nos referimos a trabajar con otros para conseguir lo que no podemos conseguir nosotros solos. Una alianza describe un tipo especial de relación en la que las personas o las organizaciones combinan sus habilidades y recursos para realizar actividades específicas con un propósito común que las beneficia mutuamente. La ventaja de crear alianzas es que las diferentes personas y organizaciones poseen una amplia gama de recursos que pueden ser aprovechados por todos.

Las ONGs utilizan diferentes términos para referirse a la creación de alianzas. Algunas, por ejemplo, las describen como “relaciones externas”, otras las nombran “asociaciones colaborativas”. Es importante que las iglesias definan ellas mismas el significado de conceptos clave como “colaboraciones”, “alianzas estratégicas”, “relaciones externas”, etc. que usan corrientemente.

Crear alianzas es establecer relaciones profundas sobre la base de un número limitado de objetivos prácticos y específicos cuidadosamente determinados. No es lo mismo que “hacer relaciones públicas” o “establecer redes”, cuyas actividades son probablemente más superficiales, tienen un gran número de objetivos y su propósito general es compartir información y promover la solidaridad. Si bien crear alianzas y hacer relaciones públicas no es lo mismo, ambas cosas puede ser de utilidad para la iglesia y su trabajo relacionado con el VIH/SIDA en las comunidades. Las alianzas pueden establecerse por un período de tiempo limitado o en función de una tarea.

A la hora de crear una alianza, será de utilidad para las iglesias rememorar la teología de la creación del libro del Génesis 1-2: que Dios es el creador de todas las cosas y de toda vida; que todo lo que Dios creó era bueno (Gn. 1:4,10,12,18,31); y, además, que Dios encomendó a los seres humanos la custodia de la tierra para cuidar de todas sus cosas buenas (Gn. 1:28). El VIH y el SIDA destruyen la vida creada por Dios, una vida que es buena. Al trabajar con los otros actores que participan en la respuesta al VIH/SIDA, y en particular, con las organizaciones de PVVS, las iglesias pueden verse a sí mismas como co-creadoras con Dios en el combate por preservar la vida frente al ataque del VIH/SIDA.

Casi todas las iglesias ya tienen experiencia en la creación de alianzas; muchas han formado alianzas con iglesias hermanas que datan de hace décadas. Muchas de estas alianzas son entre iglesias del Norte e iglesias del Sur. Sin embargo, a menudo, las relaciones entre asociados han sido desequilibradas debido a que han estado dominadas por las iglesias del Norte, que tenían el control financiero y directivo. Las alianzas entre iglesias en torno al VIH/SIDA ofrecen la oportunidad de corregir este desequilibrio y de crear una relación justa. Los países en desarrollo tienen las mayores necesidades, y las respuestas deben reflejar las necesidades y experiencias reales de las personas que viven con el VIH/SIDA y de sus iglesias.

En los recuadros 2,3 y 4, a continuación, se describen interesantes iniciativas de cooperación y colaboración entre iglesias y organizaciones religiosas del Norte y del Sur. Ponen de manifiesto los esfuerzos realizados por las iglesias y las organizaciones religiosas para aumentar los recursos financieros y así poder ampliar la gama de sus programas y proyectos. 

Recuadro 2: Iglesia Unida del Canadá: Campaña “Perlas de esperanza”58

La Iglesia Unida del Canadá (UCC, por su sigla en inglés), la mayor denominación protestante del Canadá, lanzó por un período de dos años (diciembre de 2002 – diciembre de 2004) la campaña “Perlas de esperanza”, una campaña destinada a concienciar, abogar y recaudar fondos para el VIH, con la esperanza de:

  • llevar a cabo acciones que mejoraran las políticas que repercuten en las vidas de las personas que viven con el VIH/SIDA o están afectadas por la enfermedad;

  • fomentar la toma de conciencia y la participación de la iglesia, a todos los niveles, en los temas relacionados con el VIH/SIDA; y

  • recaudar un millón de dólares canadienses para apoyar las respuestas de sus asociados, a nivel mundial, a la crisis del VIH/SIDA.

Se invitó a las congregaciones a utilizar los materiales de la campaña “Perlas de esperanza” para concienciar a sus miembros sobre la pandemia del VIH/SIDA. La campaña “Perlas de esperanza” se inspiró de los pins hechos con perlas por grupos de mujeres en Sudáfrica, y por hombres y mujeres zambianos que viven con el VIH/SIDA, y que se han convertido en una señal de apoyo hacia los millones de personas con VIH/SIDA. Justo antes del Día Mundial del SIDA, la UCC informó que la campaña había recaudado dos millones de dólares, el doble de su objetivo inicial59.

La campaña “Perlas de esperanza” apoyó el trabajo de asociados de diferentes partes del mundo en varios ámbitos:

  • concienciación sobre cómo se propaga el VIH/SIDA;

  • acciones de defensa y promoción destinadas a mejorar las políticas que tienen repercusiones sobre el VIH/SIDA y las personas que viven con el SIDA;

  • acceso a las pruebas de VIH/SIDA y a servicios de asesoramiento;

  • apoyo a las personas con VIH/SIDA y a las familias afectadas por la enfermedad (los huérfanos del VIH/SIDA inclusive);

  • formación de dirigentes para poder ayudar a sus comunidades a responder mejor al virus; y

  • fortalecimiento de la capacidad de las organizaciones para participar de una forma más eficaz en la lucha contra el VIH/SIDA.

La UCC ha creado una alianza con consejos de iglesias, diferentes denominaciones y agencias no gubernamentales en más de 40 países de África, Asia, el Caribe y América Latina. Sus asociados han desarrollado programas, han adquirido conocimientos prácticos y se han convertido en actores nacionales prominentes en la lucha contra la propagación del VIH/SIDA. Como asociados, reciben un apoyo continuo a través del Fondo Misión y Servicio de la Iglesia Unida del Canadá, pero las necesidades van más allá del apoyo que puede proporcionar este fondo. Por eso, se realizó la campaña.

 

 

Recuadro 3: Caridades Cristianas Ortodoxas Internacionales y la Iglesia Ortodoxa Etíope amplían la Campaña anti SIDA60

En Etiopía, un país de 70 millones de habitantes donde se estima que alrededor del 50% de la población son cristianos ortodoxos y que ocupa el tercer lugar del mundo en cuanto al número de personas que viven con el VIH/SIDA (2,2 millones de personas y 1,2 millones de niños huérfanos a causa del SIDA), el saludo habitual de un sacerdote ortodoxo a los miembros de su congregación ha pasado a ser: “Que Dios te salve a ti y a tu familia del SIDA”. La epidemia del SIDA ha afectado a Etiopía como a pocos países en África, lo cual ha incitado a la Iglesia Ortodoxa Etíope a llevar a cabo un creciente esfuerzo para educar a la nación sobre la enfermedad y a confortar a los afligidos.

El Patriarca Paulos se ha convertido en un dirigente que habla abiertamente sobre el desafío que el VIH plantea a Etiopía, y que convoca cada año grandes reuniones, bajo el lema “Salvar al Pueblo”. La Iglesia también difunde con regularidad su mensaje anti SIDA en los servicios de culto, los estudios bíblicos y las clases de catequesis. Debido a su tamaño, la Iglesia Ortodoxa Etíope, se encuentra en una posición única para poder difundir este mensaje a una gran parte de la población. Con 35.000 iglesias y monasterios, y 500.000 miembros ordenados (incluyendo sacerdotes, diáconos y monjes), la Iglesia tiene acceso a las partes más remotas de Etiopía.

Ahora, la campaña se está expandiendo gracias al apoyo de las Caridades Cristianas Ortodoxas Internacionales (IOCC, por su sigla en inglés), la agencia de ayuda humanitaria de los cristianos ortodoxos. El nuevo programa de las IOCC fortalecerá las iniciativas contra el SIDA de la Iglesia Ortodoxa Etíope y de su brazo humanitario la Comisión de Desarrollo y Ayuda Intereclesial (DICAC, por su sigla en inglés). “Esta batalla requiere la cooperación de todos los que en Etiopía, y fuera del país, tienen los recursos y los conocimientos prácticos para ayudar”, dijo Su Santidad Abune Paulos, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Etíope. “Salvar la vida es la obligación fundamental de la Iglesia: es su deber sagrado y su responsabilidad”.

El proyecto, que tiene una duración de tres años y un coste de US$ 6 millones, y también cuenta con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), tiene por objetivo:

  • Fomentar la capacidad de la iglesia para cuidar a los huérfanos a causa del sida y proporcionar servicios de cuidados paliativos a las personas que viven con el VIH/SIDA. Para el año 2006, se planifica extender los servicios de atención de la comunidad religiosa a casi 9.000 huérfanos y niños vulnerables, los cuales recibirán supervisión adulta y acceso a la educación, atención sanitaria, comida, cobijo y otras formas de asistencia.

  • Reducir la incidencia de las infecciones por el VIH en Etiopía mediante una campaña educativa que promueva la importancia de la abstinencia o la fidelidad a una pareja, sobre todo entre los jóvenes de 15 a 24 años.

  • Formar asesores que difundirán el mensaje de prevención del SIDA más allá del programa en sí, y que a su vez formarán a otras personas. Mediante este modelo de “formación de formadores”, en 2006 habrán miles de asesores para apoyar la campaña anti SIDA.

  • Ampliar la red de “Centros de Esperanza” de la Iglesia para huérfanos a causa del SIDA de los 13 centros actuales a 200.

  • Ampliar los servicios de cuidados paliativos para las PVVS, aumentando el número de programas comunitarios a 250 para 2006.

Recuadro 4: El Fondo mundial contra el SIDA de la Iglesia Metodista Unida

Para responder a la pandemia mundial del VIH/SIDA, la Iglesia Metodista Unida de los Estados Unidos, en su Conferencia General de 2004, adoptó la resolución de crear un Fondo mundial contra el SIDA:

Hasta la fecha, la respuesta de los cristianos, los metodistas unidos inclusive, ha sido mínima, sobre todo si se tienen en cuenta nuestros recursos y nuestros compromisos en otros ámbitos.

Por lo tanto, la Conferencia General de 2004 decide comprometerse a crear el Fondo mundial contra el SIDA de la Iglesia Metodista Unida (UMGAF, por su sigla en inglés). Durante el período 2005-2008, los metodistas unidos recaudarán US$ 8 millones.

Además se decide que de la cantidad total del dinero recaudado en cada conferencia anual para el UMGAF, el 25% será retenido por la conferencia anual que lo haya recaudado para ser utilizado en programas de lucha contra el VIH/SIDA en su región y en otros proyectos mundiales que estén relacionados con esa conferencia. Cada conferencia anual designará una agencia adecuada para la promoción y distribución de estos fondos.

El Fondo mundial contra el SIDA de la Iglesia Metodista Unida:

  • Asistirá a las congregaciones y a las conferencias locales a identificar y crear alianzas a nivel mundial para llevar a cabo un ministerio mutuo para con las personas afectadas por el VIH/SIDA.

  • Proporcionará apoyo a proyectos patrocinados por congregaciones locales o por organizaciones relacionadas con la Iglesia Metodista Unida, los socios autónomos de las iglesias metodistas y la iglesia ecuménica.

  • Promoverá alianzas entre congregaciones y conferencias de los Estados Unidos y congregaciones metodistas y organizaciones ecuménicas de diferentes partes del mundo que participen en la lucha contra el VIH/SIDA.

  • Abogará por la justicia social, especialmente en favor de un incremento de la financiación gubernamental y no gubernamental y sobre cuestiones relacionadas con el papel de las compañías farmacéuticas.

  • Elaborará materiales de defensa y promoción adecuados y directrices sobre la financiación.

  • Requerirá los servicios de una persona con las competencias adecuadas en materia de liderazgo para llevar a cabo un cometido especial en el ámbito del SIDA a nivel mundial.

Reflexión

“Después oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí” (Is. 6:8).

Identifiquen qué palabras clave se utilizan cuando se habla de crear alianzas fuera del mundo de la iglesia, y elaboren una definición o hagan un dibujo que exprese el significado de cada palabra en relación con alguna de las ideas bíblicas que se desprenden del versículo citado arriba.

 

3.2 ¿Con quién se pueden crear alianzas?

Las alianzas pueden incluir a representantes de la sociedad civil, ONGs, asociaciones de personas con el VIH/SIDA, las Naciones Unidas, grupos de mujeres, el sector privado, el gobierno, y naturalmente a otras organizaciones religiosas.

Los profesionales de la salud constituyen asociados clave para los dirigentes religiosos, pues pueden cubrir importantes lagunas en cuanto se refiere a conocimientos, habilidades y experiencia, y proporcionar información sobre los servicios, los síntomas, los tratamientos y las necesidades psicológicas.

Los medios de comunicación también constituyen asociados muy importantes. Las iglesias deben tomar la iniciativa de establecer relaciones con los periodistas, de alentarles a comprender mejor la perspectiva de la iglesia y a centrarse más en las soluciones y menos en el sensacionalismo. Un ejemplo de este tipo de iniciativa son los seminarios sobre medios de comunicación que, en el marco del programa “Embajadores de la Esperanza”, llevaron a cabo las Iglesias Unidas contra el VIH/SIDA en el Sur y el Este de África (CUAHA, por su sigla en inglés)61 en colaboración con la Red africana de dirigentes religiosos que viven con el VIH y el SIDA o están personalmente afectados (ANERELA+). En los seminarios, se explica a los periodistas y a los clérigos el papel fundamental que ambos pueden desempeñar en superar el estigma y proporcionar información precisa. También se les plantea la cuestión del uso de un lenguaje estigmatizante.

Muchas iglesias ya han establecido alianzas de larga duración con iglesias hermanas, algunas de las cuales proporcionan apoyo financiero. La Iglesia Ortodoxa Etíope, por ejemplo, va a recibir US$ 6 millones de las Caridades Cristianas Ortodoxas Internacionales, la agencia de ayuda de los cristianos ortodoxos basada en los EE.UU., para dar un mayor ímpetu a la lucha de las iglesias contra el VIH/SIDA62.

Las iglesias deben reconocer su propio hándicap en cuanto se refiere a estructuras organizativas y a su necesidad de recibir apoyo técnico por parte de las agencias de la ONU y de las ONGs para elaborar materiales y fortalecer su capacidad. Muchas iglesias necesitan apoyo financiero, pero también deben admitir que tienen la responsabilidad de aportar sus propios recursos. Las organizaciones donantes, a su vez, deben reconocer que las iglesias aportan o pueden aportar recursos, como personal e instalaciones para reuniones. El recuadro 5 a continuación, “¿Dónde están los grandes proyectos de la Iglesia?” cuestiona la falta de proyectos presentados por las iglesias y las organizaciones religiosas a los donantes.

Si bien, a veces, ciertas iglesias pueden sentirse cohibidas o incompetentes para trabajar en colaboración con agencias de la ONU, ONGs y gobiernos o para hacer uso de sus competencias y recursos, es hora de que las iglesias se acuerden de que “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Sal. 24:1). Se debe ver a estos otros actores como hijos de Dios, que utilizan los dones de Dios y que también trabajan por mantener lo bueno del mundo. Por lo tanto, se debe buscar la creación de alianzas. 

Recuadro 5: ¿Dónde están los grandes proyectos de la iglesia?63

Comentario personal de Cristoph E. Mann, Administrador del Proyecto Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África (EHAIA), Consejo Mundial de Iglesias, cma@wcc-coe.org

Nadie en la iglesia niega que el VIH/SIDA esté en el interior de la iglesia, ni que, aunque no fuese así, las iglesias deben responder al sufrimiento en el mundo. Sin embargo, las iglesias presentan a los grandes donantes muy pocos proyectos de buena calidad, que estén a la altura del desafío planteado. ¿Por qué?

¿Porque nadie da dinero para esto?

Rotundamente, no: existen billones de US$ para la prevención del VIH y el SIDA y la atención a las personas afectadas, y para hacer frente a las consecuencias de la epidemia. Entre las grandes fuentes de financiación cabe mencionar: el Fondo Mundial, MAP y USAID. Asimismo, existen donantes de talla mediana, como fundaciones, gobiernos y ONGs, que en comparación a los donantes tradicionales de las iglesias siguen siendo grandes. El Fondo Mundial, por ejemplo, ha aprobado su tercera ronda de proyectos por aproximadamente US$ 600 millones, por lo menos la misma cantidad que aprobó el año pasado. ¿Cuántas iglesias están preparando sus solicitudes de fondos?

¿Porque estos donantes no quieren dar dinero a las iglesias?

Falso: estos donantes buscan establecer una cooperación con las organizaciones religiosas porque saben que en muchas zonas, como en ciertos suburbios o en lugares despoblados, las iglesias tienen oportunidades únicas de llegar hasta la gente. En mi opinión, no se trata simplemente de una coincidencia el hecho de que un teólogo protestante, doctor en medicina, recientemente haya sido nombrado director de Relaciones Externas del Fondo Mundial.

¿Porque las iglesias no se sienten capaces de dirigir grandes proyectos?

Quizás, pero algunos pequeños y medianos donantes incluso ofrecen formación para fomentar la capacidad en materia de planificación y gestión. De hecho, las iglesias ya manejan, aunque de forma muy descentralizada, grandes cantidades de dinero y dirigen a muchas personas, sobre todo en el ámbito de la atención sanitaria y de la caridad. Existen ejemplos que muestran que las organizaciones relacionadas con las iglesias pueden en efecto convertirse en prominentes actores profesionales a nivel nacional. La Asociación de las Iglesias de Zambia para la Salud (CHAZ), por ejemplo, ha pasado a ser uno de los principales beneficiarios de fondos del Fondo Mundial en Zambia, lo cual significa que recibe grandes cantidades de dinero para su propio uso y para transferir a otros miembros que operan en el marco del Mecanismo de Coordinación de País (MCP). Además, unas autoridades internacionales visitaron esta asociación, con ocasión del Día Mundial del SIDA, y elogiaron la alta calidad de su trabajo.

Entonces, ¿por qué no hay cientos de proyectos confesionales, ecuménicos o interreligiosos de ámbito nacional, que son particularmente indicados para las iglesias?

  • ¿Porque las iglesias tienen miedo de las personas VIH-positivas?

  • ¿Porque las iglesias las estigmatizan moralmente?

  • ¿Porque las iglesias tienen mucho miedo de hablar del sexo – este don creador de vida que Dios nos ha otorgado?

  • ¿Porque las iglesias no pueden hacer frente a la verdad para la que el Evangelio las ha hecho libres?

  • ¿Porque el hecho de que un director profesional de proyectos manejara (y ganara) más dinero que un obispo significaría una pérdida de poder demasiado grande para los dirigentes de iglesia?

¿Lo he entendido todo mal?

Pero, entonces, ¿dónde están los grandes proyectos para ayudar a los decrépitos hospitales de la iglesia, a los jóvenes que buscan puntos de referencia, a las mujeres aisladas y estigmatizadas que cuidan de los enfermos, los huérfanos y los niños empobrecidos debido al VIH? Únicamente puedo ver unos pocos, que dan esperanza, pero que solo son unas gotas en el océano de la epidemia.

 

La alianza más crucial es la que puede establecerse con las comunidades mismas, que es donde las familias y los niños viven y mueren. Se necesita fomentar la atención con estrategias, mecanismos y estructuras a nivel comunitario que sean adecuadas para poder identificar las necesidades de las familias, movilizar asistencia y proporcionar servicios.

Las iglesias también deben abrirse a nuevos ámbitos de actividades, ámbitos que previamente, en general, han ignorado o han pensado que estaban fuera de su responsabilidad, como el ámbito político. El acceso al tratamiento debe ser una de las prioridades de la iglesia. Las iglesias tienen un papel legítimo, incluso esencial, que desempeñar en la defensa y promoción de políticas, leyes y programas que prevengan la infección del VIH y proporcionen atención a las PVVS. Esto significa utilizar una amplia gama de esfuerzos de defensa y promoción para participar desde en las discusiones políticas hasta en las acciones en la calle. El 1 de diciembre de 2003, Día Mundial del SIDA, por ejemplo, dirigentes de diferentes religiones hicieron una vigilia en Washington DC, frente al edificio del Tesoro de EE.UU., y convocaron una rueda de prensa para instar al presidente George W. Bush y al secretario del Tesoro, John Snow, a una mayor participación en la lucha mundial contra el SIDA y la deuda. Los dirigentes religiosos mandaron cartas a Bush y a Snow exhortándoles a incrementar a por lo menos US$5,4 billones el presupuesto del Presidente destinado al alivio del SIDA, la tuberculosis y la malaria a nivel mundial, así como a condonar el total de la deuda de los países empobrecidos a fin de que estos puedan asignar más recursos a la lucha contra la pandemia del VIH/SIDA64.

El hecho de entrar en el ámbito político permitirá a la iglesia establecer contactos con nuevos asociados que trabajan en cuestiones relacionadas con el VIH y el SIDA, y al final logrará introducir a las iglesias en el proceso de financiación del Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria (Fondo Mundial)65. Algunas redes relacionadas con las iglesias, como la Asociación de las Iglesias de Zambia para la Salud, así como algunas organizaciones internacionales relacionadas con las iglesias, como Caritas Internationalis y Visión Mundial, ya han obtenido logros considerables en este ámbito. Los recuadros 6,7 y 8 que aparecen a continuación proporcionan información sobre los procesos que han llevado a cabo tres organizaciones religiosas en relación con el Fondo Mundial. 

Recuadro 6: Asociación de las Iglesias de Zambia para la Salud (CHAZ)66

Fundada en 1970, CHAZ, una organización que aglutina a las instituciones sanitarias y a las organizaciones comunitarias de las iglesias, es una de las principales proveedoras de atención sanitaria de Zambia, cubriendo aproximadamente el 50% de las zonas rurales. El Mecanismo de Coordinación de País escogió a CHAZ, debido a su extensa infraestructura y a su experiencia local, como beneficiario principal. Esto significa que para el Fondo Mundial de lucha contra el VIH/SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, CHAZ es responsable de desembolsar la subvención a las organizaciones religiosas con el fin de llevar a cabo un programa integrado contra el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria.

El Fondo Mundial y CHAZ firmaron acuerdos para la concesión de subvenciones por un valor de casi US$ 10 millones para la lucha contra el VIH y la tuberculosis (marzo de 2003) y contra la malaria (septiembre de ese mismo año). CHAZ supervisa la ejecución de los programas, que tienen como objetivo disminuir significativamente la carga de la enfermedad en Zambia. Mediante un tratamiento integral y esfuerzos de prevención, el programa sobre el VIH y el SIDA tiene el propósito de reducir en un 4% la prevalencia del VIH entre los jóvenes de 15 a 19 años de edad y en más de un 20% el número de madres que trasmiten la infección a sus hijos. El programa sobre la malaria tiene como objetivo disminuir la morbilidad y la mortalidad mediante la distribución de más de 1,5 millones de mosquiteros para camas tratados con insecticidas y aumentando el tratamiento combinado basado en la artemisinina (ACT), el tratamiento antimalárico más eficaz, sobre todo en las zonas donde se produce una resistencia a los medicamentos. El programa sobre la tuberculosis está aumentando el número de centros de salud que proporcionan el tratamiento breve bajo observación directa (DOTS), el estándar internacional que se ha acordado para el control de la tuberculosis con el objetivo de aumentar el índice de curación de los nuevos casos al 57%.

 

 

Recuadro 7: Caritas Internationalis67

La red de Caritas Internationalis y otras organizaciones católicas que participan en la respuesta al VIH y al SIDA ha convocado dos reuniones de grupos de trabajo compuestos por expertos del Sur y del Norte con el objetivo de elaborar directrices para las agencias católicas que trabajan en programas antirretrovíricos (ARV), inclusive en programas con el Fondo Mundial. La primera reunión tuvo lugar en Wurzburg (Alemania) en agosto de 2001, antes de la creación del Fondo Mundial. La segunda se celebró en París (Francia) en abril de 2004 y tuvo en cuenta el interés de Caritas en el Fondo Mundial y su promoción, así como en la iniciativa de la OMS “3 por 5”.

Algunas agencias católicas han recibido apoyo financiero del Fondo Mundial. En Madagascar, los Servicios Católicos de Socorro, a falta de un Mecanismo de Coordinación de País (MCP), canalizan las subvenciones del Fondo Mundial, mientras que en Ruanda, la organización nacional de Caritas ha sido seleccionada MCP. Sin embargo, en otros países las agencias católicas informan que tienen muchas dificultades con la aplicación del proceso de concesión de subvenciones del Fondo Mundial, como la falta de comprensión por parte del MCP acerca de las organizaciones no gubernamentales o una discriminación contra las organizaciones religiosas.

Recuadro 8: La fórmula de Visión Mundial Internacional para el éxito de una propuesta: experiencia programática, capacidad técnica y comprensión política68

Visión Mundial Internacional (VMI) es una ONG religiosa con oficinas en 100 países, tanto desarrollados como en desarrollo. VMI participó en los procesos que condujeron al establecimiento del Fondo Mundial desde mucho antes que las propuestas políticas se concretizasen en convocatorias a presentar solicitudes.

El Dr. Milton Amayun, médico de la sanidad pública, fue designado coordinador de VMI para las cuestiones relacionadas con el VIH/SIDA y, como tal, participó en las consultas que condujeron a la creación del Fondo Mundial e informó a la red de oficinas de VMI sobre esta nueva posible fuente de financiación. Desarrolló una estrategia de participación y mantuvo contactos con varias organizaciones interesadas en el tema del VIH/SIDA. Luego, presentó el trabajo de VMI en diferentes foros sobre el VIH/SIDA.

A principios de 2002, empezó a difundirse información acerca del Fondo Mundial. Se alentó a las oficinas nacionales de VMI a ultimar sus programas y al personal a participar en el proceso de redacción de propuestas. En una reunión del personal africano sobre el VIH/SIDA en Johannesburg, se hicieron presentaciones sobre el Fondo Mundial y se emprendió un proceso de formación sobre la elaboración de programas sobre el VIH/SIDA.

Cuando el Fondo Mundial anunció la primera convocatoria para presentar propuestas, muchos miembros del personal de VMI de diferentes partes del mundo ya estaban al corriente desde hacía varias semanas. Debido a sus relaciones continuas con los Ministerios de Salud, se invitó a varios directores nacionales a formar parte de los Mecanismos de Coordinación del País (MCP) o a redactar partes de la propuesta del país en cuestión.

La política de VMI ha sido ayudar a los MCPs a redactar propuestas de buena calidad, ofreciéndoles todos los recursos que podían. El personal local en Armenia, Camboya, la República Dominicana, la República Democrática del Congo, Timor Oriental, Lesotho, las Filipinas, Tanzania, Tailandia, Uganda y Zambia participaron activamente en la elaboración de propuestas para sus países. En Sierra Leona, VMI copatrocinó un equipo para la redacción de la propuesta. En la República Democrática del Congo, VMI proporcionó un experto en tuberculosis del Canadá. El Dr. Amayun ayudó a formular las propuestas de Lesotho, Mali, Mozambique y Sierra Leona, “países que no podían permitirse asistencia técnica para elaborar sus propuestas”.

VMI pudo aportar su experiencia a este proceso debido a que muchas de sus oficinas nacionales ya dirigían importantes programas relacionados VIH/SIDA y contaban con un personal altamente experimentado en la elaboración de programas.

Durante los últimos tres años, la cartera de programas del VMI aprobada por el Fondo Mundial se eleva a aproximadamente US$100 millones. Esta suma incluye su labor como beneficiario principal de los fondos para el VIH/SIDA en Armenia (US$ 7 millones) y en Guatemala (US$ 40 millones), y como beneficiario principal de los fondos para la tuberculosis en Somalia (US$ 13 millones).

Los recursos se destinan a varios tipos de intervenciones, entre las que cabe mencionar la prevención del VIH, la atención a los huérfanos, la compra de medicamentos y el apoyo a iniciativas populares. Los fondos para la tuberculosis se asignan principalmente al tratamiento a nivel comunitario; y en el ámbito de la malaria, las principales intervenciones son: la profilaxis, el tratamiento, los mosquiteros para camas y el apoyo a laboratorios.

 

En África existen diferentes tipos de respuestas basadas en la colaboración entre diferentes denominaciones y organismos ecuménicos. Los ejemplos mencionados a continuación proceden del documento Respuestas de las o