
Asamblea Sinodal
de las Iglesias Reformadas en Argentina
Testigos de Esperanza
Tres Arroyos, 6 a 8 de octubre de 2001
"Mientras delegadas y delegados de las Iglesias Reformadas en Argentina estábamos reunidos en Asamblea Sinodal nos llegaron las noticias sobre el ataque a Afganistán. Esto a pocas semanas del atentado a las Torres Gemelas y al Pentágono en Estados Unidos.
El lema elegido para esta Asamblea de Iglesias "Testigos de Esperanza" (1 Pedro 3. 15) es a la vez un desafío y un llamado en este tiempo de crisis que atraviesa nuestra nación y las naciones del mundo.
Vivimos días en que la globalización a algunos pocos ha convertido en ricos y a crecientes mayorías en pobres cada vez más pobres, marginales y excluidos. En lugar de globalizarse la justicia, la equidad, el derecho, la paz y la solidaridad se ha generalizado una cultura del dinero, la competitividad, la corrupción, el poder y la violencia.
El nivel de pobreza crece como consecuencia de la recesión, las políticas de ajuste económico, la priorización del pago de la deuda externa, la falta de aplicación de políticas sociales activas, el desempleo y el sub-empleo. Mientras la situación económica y social no tenga solución muchos inocentes seguirán sufriendo y muriendo a nuestro alrededor.
El miedo y la desconfianza se extienden a tantos ámbitos y es en medio de todo ésto que como iglesias estamos llamados a proclamar la verdad de Dios, por encima de toda palabra que se escucha.
¿Cómo no alentar esperanzas en medio de la realidad que vivimos?
La palabra de Dios es un llamado continuo a la esperanza. Esperanza no es pasividad, quietismo, fatalismo, ni resignación. Nuestra esperanza se arraiga en el martirio de Jesús en la cruz, donde ya sufrió el inocente por los culpables y entregó su vida para resucitarnos a una vida plena y abundante para todos.
La esperanza de la que somos testigos está arraigada en la tierra de la realidad cotidiana, para que de allí germine y de frutos para que todo hombre o mujer, niño o niña, jóven o anciano sienta que Dios está cerca de cada uno y de todos. Y porque es un Dios cercano y dador de vida, se duele y sufre con todo lo que nos pasa a sus hijos e hijas, en todas partes de este mundo rico en sus diversidades.
Creemos en un Dios que ratifica la opción por la vida. No sólo porque la creó y nos la dió sino porque en la encarnación de su hijo Jesucristo, nos confirma su interés en la vida y nos asegura que la solidaridad, la esperanza, el amor, la justicia y la paz no son sólo utopías.
COMO "TESTIGOS DE ESPERANZA" NOS UNIMOS A TODO EL PUEBLO DE DIOS Y A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD PARA REAFIRMAR QUE... OTRA ARGENTINA Y OTRO MUNDO... SON POSIBLES."
Si la realidad fuera distinta y no hubiera necesidad de transformación y cambios en las conductas de las personas y los pueblos, tal vez se haría innecesaria nuestra proclamación y testimonio. Si el cuidado y el respeto a la vida humana y a toda vida en el planeta fuera una realidad; si la confianza, la justicia y la aceptación de la diversidad no provocara más exclusión, persecusión, violencia y muerte no necesitaríamos anunciar que otro país y otro mundo es posible.